Invitado Bob Chow: “La experiencia en Samaipata está relatada con bastante fidelidad”

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Invitado Bob Chow: “La experiencia en Samaipata está relatada con bastante fidelidad”

Es uno de los invitados especiales de la Feria Internacional del Libro de La Paz.

Milen Saavedra  / La Paz
“Volvería a Samaipata, a La Paz y  a la selva”, asegura tajante el músico, escritor y bloguero argentino  Bob Chow. Y es no es por nada. En  2015,   el narrador, cuyo verdadero nombre es Aivars Holms, visitó el país y  se internó en Samaipata. Gracias a esa travesía,   dio vida a  Todos contra todos y cada uno contra sí mismo, obra ganadora del premio de La Bestia Equilátera 2016.   El autor es uno de los invitados especiales de la versión número 22 de la  Feria Internacional del Libro de La Paz, que comenzará el 2 de agosto.
¿Por  qué eligió ser Bob Chow?, ¿qué significa este nombre para usted?, ¿por qué usar un seudónimo?
El legendario editor Luis Chitarroni cuando se enteró de que me llamaba Aivars Holms, dijo: “Pero, ese es el nombre. ¿Cómo se va a poner Bob Chow… ?”. La verdad es que como Aivars Holms no gané nada y cada vez que me piden el nombre, por ejemplo, en el Laverap, en Starbucks, si digo Aivars, la pluma se traba, el tiempo se desacelera, terminan llamándome Álvaro, Aníbal, Igor… En fin, con Bob, eso se ha agilizado. Puede haber un poco de burla o provocación (en la que llevo la peor parte) y después es todo superstición, toneladas de superstición.
Usted visitó Bolivia y justamente Samaipata  es escenario de Todos contra todos y cada uno contra sí mismo. ¿Qué es lo que más recuerda del viaje?, ¿qué otros lugares de Bolivia quiere conocer o volver a visitar?
La experiencia en Samaipata está relatada con bastante fidelidad en la novela… Lo que no ocurrió en tierra, ocurrió en mi cabeza. El lugar me produjo sensaciones. ¿Para qué habrá servido ese horrendo túnel vertical en la tierra llamado chinkana? No pasa un día en que no me ponga un poco susceptible, sugestionable, fantasioso… Volvería a Samaipata, a La Paz, a la selva.
Usted es uno de los invitados de la Feria Internacional del Libro de La Paz. ¿Es distinta la expectativa de cuando conoció nuestro país para escribir?
Aquella vez no me propuse venir a escribir pero el país, con sus maravillas y sus ondas, resultó ser muy buena musa.  Quizás, por mi propia insensibilidad, ya no pueda gozar del privilegio de una expectativa, pero esta invitación es, por ahora, lo más interesante que tengo en el año. Estoy muy agradecido y espero que la pasemos muy bien.
¿Qué conoce de la literatura boliviana?
 Conozco personalmente a Liliana Colanzi y a Edmundo Paz Soldán, dos escritores trashumantes encantadores, creadores de mundos, que nos seguirán desconcertando (en el buen sentido) con sus textos. También he tenido en mis manos libros de (Rodrigo) Hasbún y los hermanos Loayza, literaturas entretenidas, con un lenguaje picante. Por ignorancia, no me pondría a buscar un autor en particular, y también se podría decir que cuando uno busca un libro, no sé si sabe bien lo quiere. Espera, más bien, que el libro le muestre lo que podría querer.
 Presentó El Águila ha llegado junto a un CD de canciones. ¿Fue un intento de retornar a sus inicios en el mundo de la música o más bien un último acercamiento?
Las dos cosas, quise volver y ahora quisiera irme. Mis canciones no  las escucha ni el loro y tengo 666. La máquina de rezar también está acompañada de canciones que subo a YouTube de a una. Las escuchan sólo algunos freaks y mujeres de cuerpos cuadrados.
Se inició en el mundo de la escritura con un blog, ¿cuánto influyó en la elaboración de sus novelas? 
El blog funcionó como un taller literario gratuito que me dicté a mí mismo. La entrada debía ser breve, tener cierto “impacto”, remitir a otra cosa (hiperlinks), ser contemporánea en el sentido filosófico del término. Cinco mil millones de páginas pueden considerarse una competencia respetable. Pero una novela es para una editorial que quiere vender los libros, así que no puedo llenar 150 páginas con frases deformes como “Soy el pescado pero del lado de adentro”. No sé qué es una buena novela pero algo tiene que tener: ideas, trama, clima, estilo, ingenio, lenguaje, promesas y mejor aún si las tiene todas.